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¿Callados y sometidos? / Marco Antonio Figueroa Quinto

Dos mujeres, dos valientes, PERIODISTAS Claudia Guerrero Martínez y Virginia Durán Campollo ¡Mis respetos!   

Sin duda que muchos comunicadores con su pensar y hacer demuestran que se es bastante comodino y convenenciero, al no poder abstraerse a los beneficios que ofrece dinero, prestigio y poder;  descuidando lo esencial del ser humano: la dignidad.

Considerando que el periodista, reportero, analista, editorialista y comunicador serio y honesto debe observar un código de ética y dignidad a prueba de todo, al decir de todo se refiere a situaciones anómalas y con sesgos de corrupción, engaño y anormalidad social desestimando exigencias de justicia y respeto que supone la convivencia entre personas y que exigen renuncias y esfuerzos. La mayoría de los entes que se desempeñan en el medio de la comunicación, no escapan al análisis existencial que todo ser humano es sometido, pero por ser –supuestamente- los paladines de la defensa de la libertad de expresión responsable; es observado con mayor severidad, y no importa cercanía o lejanía que se tenga con las autoridades, se endilgará a cada cual el título de callado y sometido o un libre y valiente comunicador ¡Estos últimos son los que trascenderán, los otros puaaffff!

Sin duda que para ello influye la personalidad individual, pero por igual las necesidades primarias, lo que se volverá entonces insolidarias, ignorando los aspectos relacionales y comunicativos esenciales en el ser humano. Se observa que en  los extremos se ubican algunos, que pese a las situaciones conflictivas que enfrentan cotidianamente, nunca declinarán en sus ideales, valores y criterio, lo que sin duda los hará admirables y dignos, hecha tal elección, el crecimiento personal de estos los conducirá –sin duda la historia real- sin duda a la posteridad.

Raro espécimen que se podrá comparar con los míticos dioses del Olimpo, aquellos seres inmortales, que nunca morirán, porque su ejemplo y guía perdurarán por siempre, convirtiéndose en insustituibles; así se generan las leyendas, no solo estos paradigmas vivientes que no se doblegan, callan; ni se someten al poderoso a cambio de canonjías, privilegios, nombramientos, sueldos y dinero, que al igual que otros, como es el caso de la muerte de connotados tunde teclas, que están en la mente y corazón de muchos, y ahí seguirán viviendo ¡Que circunstancias tan elevadas! En cambio para los que se benefician con vender su pluma y silencio, solo tendrán dinero mal habido –que para callar la conciencia de quienes viven del embute y la dádiva; dirán que vale lo mismo que cualquier otro dinero, tomando del penúltimo artículo de mi amigo Juan Antonio Nemi Dib “Ausencia de Dios” ¿gozará quien ha causado daño irreparable a un País o a una comunidad?-, que los conducirá a su ruina e iniciarán una involución hacia etapas más primitivas del desarrollo psicológico y moral ¡Aunque no lo crean, así son percibidos!

Lo que es cierto, que cada uno con su inteligencia individual tiene la capacidad de trascenderse y de trascender en el mundo en que vivimos  y del que se forma parte –somos y seremos parte del engranaje llamado sociedad- capaces de contemplarnos a sí mismos y de contemplar el mundo como objeto. Muchas veces tratando de ser objetivos, se verá que la subjetividad que se la impregna al trabajo comunicativo personal, no impedirá el justo juicio social, ese severo juez que emitirá certero veredicto, que muchas de la veces no es aceptado, poniendo pretextos mil que atenúa este  dictamen.

Pero sin duda, a quien nunca podremos engañar y con quien viviremos constantemente una zozobra existencial será con nuestro corazón, ya que como humanos poseemos deseos insaciables de amor y de felicidad que nos llevarán a volcarnos -con mayor o menor acierto- en personas y empresas, las que deben de ser atendidas y cultivadas con la verdad. Todo ello es algo innato que forma parte de nuestro ser y siempre nos acompañará, aunque a veces se halle escondido a acusa de enfermedades o la inconsciencia.

El hombre ala vez forma parte del mundo, sintiéndose impulsado a la acción con esta finalidad, y que mejor con el arma digna que nos ofrece la libertad, la justicia y los valores universales; ejerciendo una de las profesiones más importantes de las actuales sociedades, de narrar con la verdad el acontecer de ésta. Aceptar por tanto que el valor del ser humano es de un orden superior con respecto al de los demás seres del cosmos, los comunicadores debemos coadyuvar a que no se desvirtúe la verdad. Y a ese valor lo denominamos “dignidad humana” y en este caso específico, se agregaría “dignidad y vergüenza comunicativa”, de la que muchos podrán mostrar y recrearse al contrario de otros que nunca la podrán presumir ¿O sí?

¡Estamos! alodi_13@hotmail.com

 

 

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