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Entre Columnas… ¿Veracruz: transparencia y redición de cuentas? / Martín Quitano Martínez

 

 

Si no peleas contra la
corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ellas.

Anónimo

 

La corrupción es el paradigma de nuestra vida cotidiana; ha definido los rumbos de nuestra colectividad, marcándonos y sumiéndonos en condiciones de debilidad social propias de un conjunto acostumbrado a la “normalidad” de una vida justificada en la ilegalidad y la impunidad.

El esquema es sencillo de seguir, de perpetuar, de reproducir, cuando la “normalidad” impone el uso y disfrute de los procesos anómalos, aboliendo la cultura del mérito, del esfuerzo y de cumplir las reglas. Porque la corrupción, la ilegalidad y la impunidad, son las bases de un mundo posible para todos, es el espacio de la “oportunidad” de algún día poder conquistar los espacios ganados por las “habilidades” de los inescrupulosos y los cínicos, individuos dispuestos a obtener ganancias de cualquier acto irregular que puedan realizar.

Por eso burlar la ley es un hecho asumido que incluso brinda patentes de corzo. Funcionarios corruptos que burlan sus funciones con prácticas que implican la obtención de dinero ó especie, pero además la ineficiencia y la irresponsabilidad en el desarrollo de sus responsabilidades. Empresarios que “compiten” con sus pares no con mayor calidad en sus productos, sino “invirtiendo” en comprar al funcionario, claro que sin afectar sus ganancias, sino castigando la calidad del producto.  O que decir de los ciudadanos comunes que también participan, vitalizando la maquinaria con la violación corriente de cualquier regla, para con ello romper más ventanas del edificio social que cada vez se encuentra más desvencijado y abandonado.

El sentido de la responsabilidad social e institucional se encuentra trastocado, descompuesto, masivamente compartido por todos aunque a distinto nivel. Sin embargo la responsabilidad fundamental se ubica en quienes tienen la obligación de velar por la aplicación de las leyes y
reglamentos. Los que a través del marco jurídico vigente, deberían garantizar justicia, legalidad, equilibrio, estabilidad y desarrollo a nuestra sociedad.

Los gobiernos definen, en sus actos y con sus instituciones, el rumbo y el ritmo de las puestas en la escena social, así dan paso o no al ejercicio de la impunidad y vacunan el consciente colectivo del atrevimiento de pensar en que otro escenario es posible.

Por ello sería un mal mensaje a la sociedad veracruzana, la ratificación del titular del ORFIS, área sensible y vital en la construcción de confianza, transparencia y rendición de cuentas con un desempeño cuestionable en la fiscalización del estado y los municipios.

El reconocimiento público de la profunda corrupción existente  en la mayoría de los municipios se ve reflejada en los informes, abriendo la rendija de la especulación hacia el intercambio de favores y contraprestaciones, desacreditando y vaciando de contenido al instrumento público constituido para brindar certezas y garantías del buen ejercicio de los recursos públicos.

La discusión, al final de cuentas, tiene que ver con la voluntad política para cambiar, con la oportunidad que como con la reforma al código electoral se reconozcan las voces de los otros que también opinan, pero ante todo, de los hechos conocidos y contundentes de los cuadros directivos del ORFIS que son mucho de la negritud de un ejercicio ominoso para nuestro estado, rectificando por salud pública una decisión que parece ya tomada.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

En Veracruz 3000 has. perdidas de bosque al año, detrás de ello, las incapacidades de las áreas medioambientales.

mquitanom@hotmail.com

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